Finalmente volvimos a Oporto. En Lisboa estaba nubladete y llovizneando, así que cogí el tren con la esperanza de ver la ciudad en su forma grisácea tradicional. Me equivoqué.
Nada más llegar, Mariana me recoge en la estación y vamos a su casa. Ha organizado una cena-macrocelebración porque unas amigas suyas han conseguido entrar en la escuela de judicatura, porque hemos acabado el master y porque sí.
Empezamos casi 20 personas, platos y platos de comida, botellas y más botellas de champagne, limas, azucar y cachaça, cds rebotando en el lector... Acabamos 6 ó 7 en un antro de la zona industrial oyendo canciones del nordeste brasileño (ríete tú de la música pimba) rodeados de fauna con gorras lentejueladas modelo "ordem e progresso"! Vimos amanecer, así que para ser noche de domingo, no se dio tan mal.
Al dia siguiente fue dificil ponerse en pie y poner el pie, en general, en cualquier lado. Una vez recogida la casa y con un par de cafés en el cuerpo, fuimos a pasear por el centro.
Bajamos a la Ribera, con sus casas desconchadas en diferentes colores y minúsculas rúas y cruzamos el puente Luis I -mi preferido, sin duda- hasta Gaia, donde están las bodegas del vino de Oporto.
Imagen de la terraza de la Bodega, donde tienen un restaurante también bastante aparente y con una vista espectacular.
Continuará.
Canción del día: Ni tu ni nadie, de Alaska y Dinarama. El puntazo del día.
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