
Este horror arquitectónico de un tal Tomás de Taveira (que no contento con semejante adefesio de cristal y piedra rosa se calzó tb la sede de la Caixa Geral de Depósitos) ha sido mi hogar este fin de semana.
Para alguien con alergia crónica a los centros comerciales, visitar dos veces en tres días uno en plena temporada de compras navideñas -sí, ya toca- es una odisea.
El viernes tuve una una de esas tardes en que cada mail que entra en la bandeja te deja clavada un poco más a la silla y lo único que quieres es correeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeer y esperar a que te alcance el lunes con un euromillones calentito en el bolsillo. Así que, después del curro y a pesar del cansancio, Paula y yo fuimos a ver Elisabeth. Que si no la habéis visto: Clive Owen está ... como siempre; ella nívea y virginal; y Felipe II (Jordi Mollá?) y sus españoles, sucios y fanáticos. Y poco más.
El resto del fin de semana transcurrió leyendo libros para la tesina del master y haciendo marujadas varias. Y es que me ha venido de perlas las gripes de unos y los exámenes intempestivos de otros, porque ya iba tocando ponerse en marcha.
Así que el domingo, con la casa como los chorros del oro y la conciencia tranquila, me dejé convencer para volver a las Amoreiras. Lo que no consiga un chocolate caliente en el Cacao Sampaka...
Canción del día: Boa Sorte /Good Luck, de Vanessa da Mata e Ben Harper. OST. Siempre.
1 comentario:
¿Qué me compraste?
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