
22.30 Llego a casa después de un agotador dia de trabajo y un largo paseo por Lisboa. Antes de ponerme a calentar la cena, me acuerdo de que tengo basura para sacar y decido vencer la pereza y bajarla.
22.35 Mientras bajo las escaleras, el tacón del zapato derecho se engancha en la vuelta del bajo del pantalón. Tropiezo, intento sin éxito agarrarme al pasamanos y caigo, como un peso muerto, casi todo el tramo de escaleras. Como son tan empinadas, no ruedo ni me doy contra el bordillo, sino que directamente aterrizo, tras unos 2,5-3 metros de vuelo, en el descansillo entre el segundo y el primer piso.
22.40 Veo todo borroso, por un momento, negro. Me doy cuenta de lo que ha pasado y pido ayuda a voz en grito. No consigo ponerme de pie. La vecina del segundo derecha sale a ver qué ha pasado y se da el susto de su vida.
22.45 Aunque lo intento, no puedo incorporarme. Me duele el brazo, mejor dicho el hombro. No consigo moverlo. Para que no me desmaye, mi veci me da agua con azucar, mientras llama a urgencias y yo a super-Rita.
23.00 Llega la ambulancia. Me hacen diez mil preguntas (que volveré a responder una y otra vez esa noche) mientras me enrollan con vendas y más vendas. Llegan Rita y Chino, que no acaban de creérselo del todo. Poco a poco, me incorporo y me bajan hasta la calle, donde las luces de la ambulancia han despertado a medio vecindario. Salida triunfal.
23.15 Atravesamos media lisboa para llegar al Hospital, mientras juro en arameo por culpa del adoquinado típicamente portugués. Tras botes y más botes, me recibe una silla de ruedas y un enfermero que me va llevando de aquí para allá: ingreso, traumatólogo, rayos x, traumatólogo...
1.00 Me he roto la clavícula. Podría haber sido peor, pero duele un congo. Hay que ponerla en su sitio (amago de desmayo) e inmovilizar. Rollos y rollos de vendas en forma de 8 a la espalda. Parezco un espantapájaro. Apenas puedo mover los brazos y tengo todo el lado derecho del cuerpo dolorido; los moratones vendrían después.
1.30 Llegamos, por fin, a casa. Rita y Chino me acogen mientras que lleguen los refuerzos maternos. Mientras cenamos empiezo a darme cuenta de lo que va a ser la "inmovilización" durante al menos tres semanas...
Y en ello estamos.
22.35 Mientras bajo las escaleras, el tacón del zapato derecho se engancha en la vuelta del bajo del pantalón. Tropiezo, intento sin éxito agarrarme al pasamanos y caigo, como un peso muerto, casi todo el tramo de escaleras. Como son tan empinadas, no ruedo ni me doy contra el bordillo, sino que directamente aterrizo, tras unos 2,5-3 metros de vuelo, en el descansillo entre el segundo y el primer piso.
22.40 Veo todo borroso, por un momento, negro. Me doy cuenta de lo que ha pasado y pido ayuda a voz en grito. No consigo ponerme de pie. La vecina del segundo derecha sale a ver qué ha pasado y se da el susto de su vida.
22.45 Aunque lo intento, no puedo incorporarme. Me duele el brazo, mejor dicho el hombro. No consigo moverlo. Para que no me desmaye, mi veci me da agua con azucar, mientras llama a urgencias y yo a super-Rita.
23.00 Llega la ambulancia. Me hacen diez mil preguntas (que volveré a responder una y otra vez esa noche) mientras me enrollan con vendas y más vendas. Llegan Rita y Chino, que no acaban de creérselo del todo. Poco a poco, me incorporo y me bajan hasta la calle, donde las luces de la ambulancia han despertado a medio vecindario. Salida triunfal.
23.15 Atravesamos media lisboa para llegar al Hospital, mientras juro en arameo por culpa del adoquinado típicamente portugués. Tras botes y más botes, me recibe una silla de ruedas y un enfermero que me va llevando de aquí para allá: ingreso, traumatólogo, rayos x, traumatólogo...
1.00 Me he roto la clavícula. Podría haber sido peor, pero duele un congo. Hay que ponerla en su sitio (amago de desmayo) e inmovilizar. Rollos y rollos de vendas en forma de 8 a la espalda. Parezco un espantapájaro. Apenas puedo mover los brazos y tengo todo el lado derecho del cuerpo dolorido; los moratones vendrían después.
1.30 Llegamos, por fin, a casa. Rita y Chino me acogen mientras que lleguen los refuerzos maternos. Mientras cenamos empiezo a darme cuenta de lo que va a ser la "inmovilización" durante al menos tres semanas...
Y en ello estamos.
3 comentarios:
ponete buenaaaaaaaaaaaa
ya le romperemos algo a jon para desquitarnos, tu dime qué dia puedes y lo voy planeando.
ouch. como en las pelís..
ponte mejor, espantapajarito, para que puedas venir a Berlín!
beso
Pelo mocho, visto lo mal enfermo que es Jon y quien tendría que aguantar a a la criatura...
Joh, qué pena perderme tu fiesta! Qué tal lo pasó el beddinge (seguro que me fue infiel)? Y tu, como va todo?
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