viernes, diciembre 28, 2007

DIA DE INOCENTES

La verdad es que hace tiempo que no cuento mis andanzas. No es que esté especialmente ocupada; simplemente, estoy vaga. Es esta paz navideña, la armonía, el amor, las comidas pesadas, los viajes como el Almendro... no me dejan cuerpo pa ná.


Así que recapitulo rápidamente. Creo que ya conté, más o menos, la escapada a Madrid, donde visitamos la ampliación del Prado. Había ganas, pero el edificio, después de tanta obra y tanto retraso, salvo el claustro, nos pareció un hangar moderno y poco más. Sin el encanto del palacio Villanueva. Las obras, en cambio, son entrañables recortes de los libros de Historia de la escuela.



Después, sin apenas tiempo para deshacer la maleta, tocó la correspondiente visita a Bilbao. A casa. Cuando llegué, las horribles luces azules parpadeaban en Gran Vía y los puestos de la feria de Santo Tomás ya liquidaban existencias en el Arenal. Aunque lo intentamos con el txakoli y con el talo con chorizo, lo cierto es que han llovido muchos años desde aquellas célebres champanadas que comenzaban a las 10 de la mañana en la cafetería de la Uni...

Celebraciones familiares, compras de regalos, paseos y cafeses varios después, volvimos a Lisboa, soleada y fría. O eso dicen los que andan por ahi fuera. En el despacho, con el aire acondicionado y los cristales ahumados podríamos estar en agosto y no notaríamos la diferencia. Desde luego, gente por los pasillos, la misma.

Canción del día: Dirty Trip, de los Air. Que ha sonado perfecta esta mañana en el 773 sobre las colinas lisboetas.

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