Esta última semana ha sido ajetreada. Llegué de Madrid el martes por la mañana, después de levantarme a las 7.20h. CET, o sea, el equivalente a las 6.20 hora portuguesa. Moraleja: el resto de la semana, arrastrando los pies y bostezando, aunque sin bajar el ritmo.
Nada más llegar, me puse con la lista de tareas pendientes. Una de mis tantas listas: del super, de pelis, de emails por enviar, de gente a la que llamar, de sitios por visitar, etc. Apañé mi burocrático taquito de papeles, una foto y me fuí a hacer el carné de la red municipal de bibliotecas. Luego, un pequeño "análisis de mercado" de los gimnasios de la zona, una visita al
Pingo Doce (atención a la extrañamente familiar
provedora do cliente) para reponer la nevera, un poco de lectura y... a clase de portugués!!!
Sí, he vuelto a caer. Dejé las clases de la uni con el firme propósito de estudiar por mi cuenta y dejarme de clases inútiles. Pero he descubierto la Junta de Freguesía, algo así como la junta de distrito, que organiza cursos de portugués para extranjeros a precios populares y he decidido probar los martes del més de 19 a 21h. Además, ya que estaba, me he apuntado también a francés los lunes. Y porque no me dejaron matricularme en Origami para mayores de 55, que si no ya me véis haciendo pajaritas de papel!!!
Total, que el miércoles tenía toda la materia de las clases de la semana aún pendiente. En ello estaba, cuando suena el teléfono... bip bip.... Lezsek y Karol iban a acercarse a la playa a leer. Así que, cojo mis libros y las gafas de sol y en un salto estamos camino de Cascais.
Mientras me tomo un chocolate caliente, mirando el sol ponerse sobre las olas rompiendo y los surfistas, pienso que estos momentos, que ahora casi son ya rutina, pronto dejarán de serlo. Pero que nos quiten lo
bailao...
Canción del día: Sunshine, de Keane.