Primero pasamos por Belver, en un pueblecito pintoresco, que milagrosamente se salvó de quedar bajo el pantano y más milagrosamente aún, resulta que sigue poblado. Ahora, que los milagros no alcanzaron para más: el castillo estaba cerrado ese domingo, porque sí, porque habían puesto una nota a mano en el portón y no hay nada más que decir. Es la cara menos amable de que este lado de la frontera no se hayan puesto a la explotación feroz de los recursos turísticos. Viva Benidorm!
El castillo, muy bien conservado, pero lo mejor las vistas.
Después de semejante escalada, nos regalamos un asado de cordero estupendo en uno de esos sitios que tanto se estilan aquí: escodindo en una carretera secundaria sin indicaciones, en el medio de la nada, pero repleto de paisas bien informados por el boca-a-boca.
Dos horas después, enfilamos hacia Constância, donde paramos para ver la puesta de sol sobre el Castelo de Almourol, que controla una isleta en el centro del río y al que sólo se puede acceder en barca.
Finalmente, para rematar el día, nos fuimos a tomar algo a Tomar (je, je). Y hasta aquí, el reportaje del National Geographic de esta semana.
Canción del día: (oh, baby, baby) Can I invade your country, de Sparks.
2 comentarios:
es que estoy que palmo de la envidia...
no eres consciente del yuyu mental que me acabas de provocar! la estoy palmando.....
no me creo que has estado en Tomar....un sueño....
cuando deje a Murakami sera el retorno de Los templarios y me perdereis para siempre
Joder, como vuelvas a quejarte de que te aburres porque tienes que estudiar mucho te mando a tomar por culo ;)
¡Qué envidia (malsana)!
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